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Archive for 17 de agosto de 2008

¡Qué maravilloso es el deporte olímpico! Las Olimpiadas de Beijing nos está demostrando la belleza y espectacularidad de las competencias deportivas de élite mundial. Actualmente, en Beijing están concentrados lo mejor de la especie humana. Allí están los más bellos especímenes humanos cuyo lema es: «Más alto, más fuerte, más veloz».

Es impresionante cómo el hombre supera sus límites. Cada cuatro años aparece un atleta más veloz, más fuerte y que salta más alto y lejos. El espíritu competitivo se destaca como motivación para romper records y demostrar ser el mejor del mundo.

El medallista de oro se encuentra en la cúspide mundial, no hay otro mejor que él. Su espíritu se inunda de sano orgullo y su apellido es registrado por la historia para la posteridad. Así fue desde Grecia antigua. El espíritu competitivo es el genuino espíritu de la superación humana desde que nuestra especie se separó de los primates. Así ha sido en todos los rincones del mundo.

El espíritu competitivo es la actitud de destacar por encima del otro, de demostrar ser mejor que los demás. En un inicio este espíritu fue canalizado por las guerras. El país conquistador «demostraba» superioridad sometiendo por la fuerza al país conquistado. Todas las guerras han tenido esta esencia.

Los griegos llamaban bárbaros a los pueblos que no pertenecían a su cultura y por ello se creían superiores. Los romanos multiplicaron su sentimiento de superioridad al consolidar su imperio por todo el Mediterraneo y lo justificaban con la razón. En Asia ocurrió lo mismo cuando el Emperador Qin Shi Huang unificó los 5 reinos 250 años antes de Cristo, demostrando ser superior a ellos. En India, Chandragupta Maurya, por los 290 años a. C., unificó a India demostrando superioridad sobre los demás contendientes.

Los pueblos, incluso hasta hoy, siempre han competido con guerras. La competitividad se convirtió en nacionalismo y cada triunfo en el campo de batalla aumentaba el orgullo nacional.

Pero este espíritu guerrero-competitivo para transformarse en un espíritu deportista-competitivo necesitaba a la cultura. Esto sucedió en Grecia en el 776 a. C. cuando se realizó la PRIMERA OLIMPIADA. Por esos tiempos las ciudades-estados griegas, a la vez que crecían, entraban en guerras de dominación: atenienses, espartanos, tebanos, corintos, etc. peleaban entre sí.

Homero relata los primeros juegos olímpicos en honor a Patroclo. Píndaro cantaba victorioso: ¡Feliz aquél a quien envuelven los nobles rumores!.  Así, la cultura paría a los juegos olímpicos.

La belleza de la poesía, la lógica de la razón, la reflexión filosófica dieron paso a la competencia deportiva. Se dejaban las armas (competencia mortal) para iniciar las competencias deportivas (competencia pacífica). Así, con la primera olimpiada olímpica el hombre da un gran paso. Salta de las guerras, que producen héroes que buscan la gloria acumulando muertos, a las olimpiadas, que producen héroes que buscan la gloria acumulando coronas de laurel (hoy medallas).

Solo los mejores eran coronados con laurel, pero no solo eran para los deportistas, también los mejores poetas y filósofos eran coronados de laurel, eran dignos de pasar a la posteridad, eran dignos de loas. Cultura y deportes se alimentaron mutuamente desde las primeras olimpiadas.

Los países ganadores de las olimpiadas han aplicado esta fórmula: CULTURA + DEPORTE = LOS MEJORES DEL MUNDO. Ser los mejores del mundo dan autoridad, dan sensación de superioridad, causan admiración, refuerza el orgullo, fortalece el espíritu nacional.

Esta fórmula lo tienen presente todos los paises medalleros olímpicos como: los EEUU, China, Alemania, Gran Bretaña, Francia y, en América Latina, Cuba, Argentina, Brasil y México. Cada deportista es un producto de la cultura y la ciencia. Los hábitos, el sentido de la perfección, las técnicas, la nutrición, la planificación, la superación, la disciplina son parte de la cultura deportiva y social. Sin ella no habrá un producto final: el deportista calificado, aquél que piensa que puede llegar a lo más lejos. Aquél que tiene la voluntad de hierro para esforzarse por la gloria y el honor de su apellido. Aquel que alimenta su orgullo con cada meta lograda. Ese es el espíritu competitivo (el espíritu del guerrero).

Nación que no tiene el espíritu guerrero, aquel que no vence las adversidades, no tendrá espíritu competitivo en los deportes, será siempre un eterno perdedor, objeto del menosprecio del vencedor. Miremos sino a las potencias medalleras: EEUU potencia militar y política a nivel mundial. CHINA, potencia cultural, económica y militar. ALEMANIA liderando a la Unión Europea. RUSIA repotenciando su antiguo explendor.

En América Latina: CUBA encabeza como el mejor sistema educativo de estos lares. ARGENTINA encabeza como el mejor Torneo Deportivo de FUTBOL. BRASIL el país que más exporta jugadores de fútbol y pentacampeón mundial. MEXICO siempre sus equipos llegan a destacar en los deportes a nivel internacional.

Nos hacemos una pregunta: ¿Qué pasa con Perú?

Responder a esta pregunta, no nos debe dar rabia ni pena por nuestra situación. Si somos realistas, nosotros somos producto de nuestra propia historia: Somos un país donde la discriminación y la exclusión ha sido la característica esencial. Y no hablamos de la cuestión racial: cholos vs. blancos. Esto es una tontería.

Estamos hablando de la exclusión educativa, social y política. Base para que el ciudadano peruano tenga capacidades para producir riqueza (económica y científica) sin necesidad de que el Estado le «ayude». La capacidad de que un individuo produzca una riqueza cada vez mayor y de mejor calidad solo se tiene a través de la educación.

En nuestro país, a las élites les importó un comino la educación. Si el deporte es cultura, entonces, no incentiban deporte. Si la cultura genera competitividad, entonces, para que no haya competitividad en la sociedad, para que no surjan nuevas élites que hagan peligrar su hegemonía,  que no cilturice a la población. Por eso se dice: NO TIENES PLATA, ENTONCES NO PUEDES ESTUDIAR. MEJOR TRABAJA.

Pero, esto debe llegar a su fin. Gracias a la globalización, las noticias del mundo ingresan a la intimidad familiar, nuestras familias miran con admiración y cierta envidia a los deportistas de otros países. Pero las familias peruanas (todas sin excepción) debemos tomar decisiones.

Los peruanos debemos creer que podemos ser los mejores del mundo. Que podemos lograr metas grandiosas y gloriosas como lo hacen otros paises en otros lares del mundo. No solo podemos lograrlo en los deportes, sino también en las ciencias, en las artes y otros temas humanos. Solo es cuestión de querer, de desear, de soñar y actuar en consecuencia. Empezar por uno, incorporando nuestro espíritu competitivo (guerrero) y ser ejemplo para nuestros hijos. Ejemplo para los jóvenes. Los jóvenes ejemplos de los niños.

Soñemos ser los héroes que buscan gloria y actuemos para lograrlo. Los peruanos tenemos nuestros héroes, aquellos que han demostrado ser los mejores del mundo. Tenemos como ejemplo a los hermanos Deysi y Jorge Cori, que hicieron honor a su apellido ORO. Sí, CORI es un vocablo quechua que significa ORO. Estos jovencitos menores de 15 años lograron una hazaña: ser los mejores del mundo en ajedres, los mejores en su categoría y esa tradición deberán mantenerlo para las futuras generaciones de su familia.

Sofia Mulanovich, la gringa peruana, es la mejor tablista del mundo. Perú, es bicampeón mundial de Optimist, Modalidad del deporte de vela. Están apareciendo escolares que participan en Olimpiadas de Matemáticas a nivel mundial y están logrando ocupar los primeros puestos. Este espíritu que se encuentra en pocas familias peruanas debe transformarse en un espíritu que penetre masivamente en todas las familias. Esto depende mucho de los padres, en primer lugar. Y, después, obviamente del apoyo del Estado.

El trabajo sobre el autoestima del peruanos es imprescindible, debemos elevar nuestro orgullo personal, orgullo de nuestra procedencia, de nuestra pertenencia, de nuestra historia y nuestra cultura. No hay en el mundo como el PERU y el ser PERUANO. Reforcemos este sano orgullo con cada pequeña victoria personal cada día que pasa. Salgamos cada mañana con el espíritu del guerrero, para vencer a la ignorancia y a la discriminación. Enseñemos a los niños y jóvenes y alentémolos.

Así, en un futuro no muy lejano, estaremos preparados para mostrarnos en el mundo. Y llegará el día que en las OLIMPIADAS DE LIMA o en cualquier olimpiada del mundo, escuchemos con orgullo: PERU, CAMPEON OLIMPICO. PERU, CAMPEON MUNDIAL, PERÚ, TIERRA DE CIENTIFICOS, PERU: LO MEJOR DEL ARTE Y LA GASTRONOMIA MUNDIAL, etc. Entonces, con esos sueños, empecemos a trabajar para lograr esa meta desde ahora. Empecemos por nosotros y nuestra familia.

Un abrazo

Rosa y Guillermo

PERU EN LAS OLIMPIADAS BEIJING 2008

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